Ana vive feliz con sus padres y su mejor amigo, Monstruo, su inseparable muñeco de peluche. Pero un día llega Carlitos, su nuevo hermanito. Un bebé que no es ni guapo ni feo, ni graciosos ni soso. Ana no tiene problema para que se quede, pero es que… Monstruo le odia, y hará mil trastadas para llamar la atención y hacerle la vida imposible.

Critica de Joaquín Melguizo del diario Heraldo de Aragón.
El público que llenaba la sala disfrutó con una propuesta divertida, tierna y muy bien realizada.
Un buen trabajo dramático nos ofrece una historia divertida, fresca y bien resuelta, llena de ese elemento tan fundamental, para el teatro en general y en particular para los títeres, que es la acción. Los títeres sólo se pueden sostener sobre la base de la acción, y en esta historia de El Monstruito, no paran de sucederse los acontecimientos que protagoniza Ana, el encantador personaje protagonista. Hay que destacar la lograda escenografía, que hace un amplio uso del espacio creando diferentes puntos en los que se desarrolla la acción con sentido de unidad, y con un acertado uno de una gama de colores que nos remiten de inmediato al mundo infantil. Se utilizan diferentes técnicas (títere de mesa, guante y sombras) para manipular unos muñecos que comparten el espacio con la presencia del actor vivo sobre el escenario, presencia simultanea que queda plenamente justificada y adecuadamente resuelta. El titiritero es en ocasiones simple manipulador y en otros momentos personaje de la historia.
La puesta en escena imprime al espectáculo un estilo general coherente y acorde con la historia, plantea y resuelve bien las diferentes situaciones, las transiciones de un espacio a otro, con un buen ritmo y una buena utilización del espacio, aportando claridad narrativa.
Un buen trabajo de manipulación y caracterización vocal, convierte al muñeco en protagonista, no simplemente de un cuento sobre la infancia, sino de esa magia que nos ofrecen los títeres: convertir la materia inanimada en algo lleno de vida con capacidad para transmitir, comunicar y emocionar.
Tropos, teatro de títeres surgió en 1992 como un grupo de amigos que hacía títeres por pura diversión. Actuaban a la gorra en parques de Madrid, hacían algún cumpleaños y acudían a hospitales infantiles. Pero poco a poco la compañía se fue disgregando y sólo quedó Guillermo Gil, como titiritero solista. Sin abandonar Tropos, trabajó con otros grupos, como La Tartana Teatro, El Retablo o Producciones Cachivache.En 1998 se establece como compañía profesional y, en colaboración con P.Cachivache, crea su primer espectáculo: Federico. Un espectáculo infantil basadoen la poesía de Federico García Lorca. Y es en 1999 cuando comienza suandadura en solitario con La historia del Capitán Ajab y Aventuras ydesventuras de Kiko, a la que seguirán Los tres cerditos (1999), El sastrecillovaliente (2000), Los caballeros de Pez (2001), Y los sueños sueños son(2003), Pequeñeces (2004), El Monstruito (2007) y Caperucita Roja (2009)Entre 2001 y 2003, Mario Tomás López colaboró como actor en los espectáculosde la compañía. En el año 2004 se incorpora Gerardo García para trabajar en Pequeñeces. Y en 2006 llega Raquel Lázaro para reforzar el equipo de gestión ypara realizar el montaje de El Monstruito.
Tropos, teatro de títeres
www.troposteatro.com
info@troposteatro.com







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